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Ronaldo Fabiano dos Santos Gaspar
Todo intento de
sintetizar en pocas páginas una obra extensa y compleja produce
inevitablemente cierta mutilación de la misma, pues el comentarista
tiende a "filtrar", además de los aspectos relevantes
para la comprensión de la obra aquellos que, según su
filiación teórica y/o la investigación que desarrolla,
considera más significativos. Evidentemente, nuestra lectura
del texto de Giddens no escapará a esto. Sin embargo, ello no
significa que abandonamos la pretensión de reconstruir sintéticamente
la "columna vertebral" de esta compleja obra -o sea, reconstruir
coherentemente los principales elementos del cuerpo conceptual que da
sustento a la teoría de la estructuración giddensiana-;
simplemente significa que tenemos conciencia de que esta lectura/reconstrucción,
así como las pequeñas incursiones críticas que
haremos, estará inevitablemente marcada por nuestras preocupaciones.
Hecha esta disgresión inicial, vamos a la tarea.
Nos parece que en
La Constitución de la Sociedad Giddens pretende establecer la
versión integral, completa (la opus magna) de su teoría
social. Aquí, el pensador inglés analiza los aspectos
que en términos luckasianos podríamos denominar ontológicos
del ser social, o sea, aspectos del ser social que, pese a las múltiples
formas concretas que pueden asumir, son constitutivos de toda y cualquier
forma humano-societal. Y persigue su objetivo a través tanto
de la crítica al objetivismo funcionalista y estructuralista
y al subjetivismo característico de las sociologías interpretativas
y de la hermenéutica, como al pensamiento marxista, explicando
los procesos de integración y reproducción de la totalidad
social, o mejor, los mecanismos socioculturales que vinculan a los individuos
con ella, reproduciéndolos (y reproduciéndola) en sus
vidas cotidianas, y cómo a su vez esta totalidad social (compuesta
por individuos) puede implicar ciertas regularidades en su flujo y desarrollo
sin suprimir los poderes y capacidad de elección (entre opciones)
de los individuos. Hay pues una cuestión que atraviesa todo el
texto: "¿de qué manera es posible decir que la conducta
de los actores individuales reproduce las propiedades estructurales
de las colectividades mayores?" (Giddens, 1988: 19). Y es para
dar una solución a tal cuestión que el autor centra su
análisis en las prácticas sociales ordenadas -individuales
y/o colectivas- que se desarrollan tiempo-espacialmente.(1)
El texto de La Constitución
de la Sociedad está dividido del siguiente modo: en la introducción
y el primer capítulo Giddens esboza las principales características
de la teoría de la estructuración. En el segundo y tercer
capítulos, se dedica al análisis del agente y sus interacciones
cara-a-cara (co-presencia). En el cuarto y quinto, el autor analiza
los sistemas sociales más amplios. Y en el último, "sugiere
algunas directivas para la orientación global de la investigación
social" (ibid.: 231). Esta organización del texto, en que
el análisis detallado del agente y de las interacciones precede
al análisis de los sistemas sociales más amplios, no debe
llevar a suponer que el autor está "conceptualmente 'comenzando
con el individuo' o que [para él] los individuos tengan alguna
forma de realidad distinta de la que tengan las sociedades" (ibid.
: 134) pues, como luego veremos, en la teoría de la estructuración
individuo y sociedad no son polos opuestos "mútuamente excluyentes"
y exteriores de la vida social, sino que se producen y reproducen de
manera integral, indisociable.
Los individuos:
(co-)relaciones y tiempo-espacio
El análisis
de Giddens sobre las características y atribuciones del self
-designación dada al sujeto individual para enfatizar su aspecto
(auto)reflexivo-, del cuerpo y del tiempo-espacio (tiempo-geografía)
en la contextualidad de la vida cotidiana, además de constituir
un amplio panel de otras teorías -con las que el autor dialoga
y polemiza-, es extremadamente rico en detalles. Por lo tanto, evidentemente
no reproduciremos íntegramente los conceptos allí presentes,
sino que analizaremos sólo las características e importancia
de los encuentros en co-presencia y del contexto tiempo-espacial para
lo que es el nudo gordiano de la teoría de la estructuración,
el concepto de dualidad de estructura.(2)
En primer lugar,
para comprender el significado de los encuentros de co-presencia en
la teoría de la estructuración, es necesario tener presentes
dos elementos fundamentales: el primero define que, pese a que el agente
se constituye como un ser reflexivo, monitoreando reflexivamente el
conjunto de sus acciones, la mayor parte de sus acciones cotidianas
no es directamente motivada ni puede ser tampoco directamente elaborada
en la forma de discurso. Sin embargo, esa motivación indirecta
y la incapacidad discursiva de los agentes con relación a la
mayoría de sus acciones, (conciencia práctica) no es impedimento
para "llevar una vida normal", interactuar mutuamente y ejecutar
sus actividades cotidianas. Esta característica de la vida cotidiana
lleva nuestra atención hacia uno de sus elementos fundamentales:
la rutina o, en términos de la teoría de la estructuración,
la rutinización. Según Giddens "la rutinización
es vital para los mecanismos psicológicos mediante los cuales
un sentido de confianza o de seguridad ontológica es sustentado
en las actividades prácticas de la vida social" (ibid, XIX),
o sea, es la repetición cotidiana de prácticas sociales
idénticas o similares lo que posibilita la reflexividad del agente,
pues si las prácticas sociales fuesen efímeras (y/o únicas)
no seria posible el conocimiento por el sujeto del ambiente de actuación,
hecho que, seguramente, imposibilitaría la acción innovadora,
creativa. Y también:
el concepto de rutinización,
basado en la consciencia práctica, es vital para la teoría
de la estructuración (...) Un examen de la rutinización
(...) nos suministra una llave maestra para explicar las formas características
de relación del sistema de seguridad básico con los procesos
reflexivamente constituidos inherentes al carácter episódico
de los encuentros. (ibid.: 48).
El segundo elemento
consiste en que las relaciones que los hombres establecen entre sí
son objetivamente mediatizadas, tanto por recursos materiales externos
y por el lenguaje como por los mismos cuerpos de los agentes. Así,
la comprensión del tiempo-espacio corporal es fundamental para
la comprensión del modo en que por un lado las prácticas
cotidianas de los individuos son delimitadas por las propiedades estructurales
de los sistemas sociales y, por el otro, cómo es en esa instancia
(lo cotidiano) donde se efectúa la misma perpetuación
de esos sistemas. Así, de acuerdo con la teoría de la
estructuración, los límites del cuerpo representan las
fronteras físicas (espaciales) del individuo con el ambiente
y su tiempo de duración es el tiempo de vida, el tiempo de la
existencia del individuo (del self activo). En palabras de Giddens:
"Todos los sistemas sociales, por formidables o extensos que sean,
se expresan y están expresados en las rutinas de la vida social
cotidiana, mediando las propiedades físicas y sensoriales del
cuerpo humano" (ibid.: 28).
En su detallado
análisis de las situaciones de co-presencia, en el que dedica
especial atención a la serialidad de los encuentros, al posicionamiento
del cuerpo y a la reflexividad del agente, Giddens utiliza como principal
(aunque no única) referencia teórica a las investigaciones
llevadas a cabo por el sociólogo Erving Goffman (pese a criticar
innumerables aspectos de sus teorías), que se caracterizan por
el análisis exhaustivo de la psicología de los agentes
implicados en interacciones en contextos de co-presencia. Inspirada
en esas investigaciones, la teoría de la estructuración
entiende la interacción en contexto de co-presencia como la relación
que los agentes establecen directamente entre sí, es decir, es
la relación cara-a-cara, en la que el agente se implica por completo,
en la medida en que su comportamiento (su tono de voz, la dirección
de la mirada, la ubicación de su cuerpo en el contexto de la
interacción, su postura corporal, etc.) tanto queda condicionada
como condiciona el desarrollo de la trama interactiva. De este modo,
si entendemos "la integración social como sistematicidad
en circunstancias de co-presencia" (ibid.: 58), se descubre la
importancia del análisis de los encuentros en esas circunstancias,
pues la reproducción social que se extiende tiempo-espacialmente
tiene sus raíces en ese carácter sistémico de la
vida cotidiana. E incluso en las sociedades modernas, que por primera
vez en la historia posibilitaron la interacción directa e inmediata
de los individuos sin la presencia corporal de los agentes en el mismo
espacio físico (telex, teléfono, Internet, etc.), ese
tipo de interacción se constituye en la más común
y más importante forma de interacción entre los individuos.(3)
Por lo tanto, podemos
afirmar que la comprensión de la interacción en situación
de co-presencia es fundamental para la teoría de la estructuración.
Y, como toda interacción tiene una duración temporal y
un sitio determinado, es necesario pues comprender la importancia del
contexto tiempo-espacial (tiempo-geografía) en esta interacción,
dado que se constituye en el fundamento mismo de esta acción.
Además, del mismo modo que Goffman se constituye en el principal
interlocutor de Giddens "en la especificación de ciertas
cualidades psicológicas del agente y en el análisis de
la interacción en situaciones de co-presencia" (ibid.: 99),
su principal interlocutor en el análisis del contexto tiempo-espacial
de la interacción fue el geógrafo sueco T. Hägerstrand,
cuyas principales contribuciones a la comprensión de este contexto
interactivo fueron la elaboración del concepto de "tiempo-geografía"
y de una forma muy peculiar de visualización gráfica del
tiempo-espacio, los "mapas espacio-temporales".
En los análisis
de Hägerstrand sobre la interacción en situación
de co-presencia, aunque se analizan innumerables aspectos, se destaca
el énfasis en los límites del cuerpo en la delimitación
de la acción. Para él, esas limitaciones espaciales constituyen
importantes restricciones para la interacción de los agentes.
Giddens, sin embargo, considera que en este énfasis unilateral
en los límites del cuerpo, de sus propiedades espaciales restrictivas,
el geógrafo sueco se hace eco de cierta versión del marxismo
(según Giddens, del materialismo histórico) y, por ello,
sólo comprende parcialmente las implicancias de las fronteras
corporales, pues no advierte que "todos los tipos de restricción
constituyen también tipos de oportunidad, medios de posibilitar
la acción" (ibid.: 95). Esta crítica de Giddens al
tiempo-geografía de Hägerstrand es, mutatis mutandis, como
luego veremos, la misma que hace a las relaciones estructurales tal
como éstas son entendidas en la teoría marxista. Y, además,
como la teoría de la estructuración (en este caso, en
la senda del marxismo) entiende el mundo histórico-social como
fundamento y resultado de prácticas individuales/sociales, que
los agentes construyen y son por ellas objetiva y subjetivamente modificados,
Giddens no puede aceptar la concepción abstracta de individuo
con la que teoriza Hägerstrand, la que implica que no sean analizadas
las motivaciones que hacen que los individuos actúen de tal o
cual manera pues sus "proyectos" de vida son tomados como
datos exteriores y no como resultado de interacciones sociales en las
que el tiempo-espacio y los mismos agentes ocupan posiciones privilegiadas.
De este modo, los análisis de Giddens sobre las características
de los contextos de interacción, que incluyen una "geografía
del cuerpo" y del espacio humanamente construido, se constituyen
en una parte importante de su proyecto de develar los nexos determinantes
e integradores de la vida cotidiana a los procesos más amplios
(espacial y temporalmente) característicos de los sistemas sociales.
Según el autor:
la integración
social tiene que ver con la interacción en contextos de co-presencia.
Las conexiones entre las integraciones social y de sistema, pueden ser
trazadas examinando los modos de regionalización que canalizan
y son canalizados por trayectos de tiempo-espacio adoptados por los
miembros de una comunidad o sociedad en sus actividades cotidianas (ibid.:
115).
A eso se debe que
el tercer capítulo de su libro dedicado al "tiempo, espacio
y regionalización", termina con una crítica a la
división entre lo "micro" y lo "macro" en
la teoría social, pues considera que "la actividad en microcontextos
tiene propiedades estructurales fuertemente definidas" (ibid.:
114).
Pasemos ahora, luego
de esta sucinta exposición de las características del
agente y su contexto interactivo (el tiempo-espacio), a la exposición
de los procesos reproductivos de los sistemas sociales.
Integración
social y sistemas sociales (integración sistémica)
Para comprender
como concibe la teoría de la estructuración las integraciones
social y sistémica, debemos en primer lugar comprender su crítica
a los conceptos tradicionales de estructura y, con ello, su reconceptualización
como propiedades estructurales, principios estructurales y dualidad
de estructura. Y, en segundo lugar, como esas modalidades de la estructura
se articulan en la integración social y la integración
de los sistemas sociales más amplios.
La mayoría
de los analistas sociales -principalmente los funcionalistas- entiende
la estructura:
como una especie
de "patronización" de las relaciones o fenómenos
sociales. Frecuentemente, esto es ingenuamente concebido en término
de imágenes visuales análogas al esqueleto o morfología
de un organismo, o a las vigas mayores de un edificio (...) [Sin embargo]
la estructura se refiere, en el análisis social, a las propiedades
de estructuración que permiten la "delimitación"
del tiempo-espacio en los sistemas sociales, a las propiedades que posibilitan
la existencia de prácticas sociales previsiblemente semejantes
en sus dimensiones variables de tiempo y de espacio y les otorgan una
forma sistémica. Decir que la estructura es un "orden virtual"
de relaciones transformadoras significa que los sistemas sociales, como
prácticas sociales reproducidas, no tienen estructuras, sino
más bien exhiben "propiedades estructurales", y que
la estructura sólo existe como presencia espacio-temporal (ibid.:
13-14)
Por lo tanto, para
Giddens, la estructura no debe ser entendida como objeto, como ente
corpóreo, palpable, sino como "trazos de memoria" que
se concretizan en propiedades permanentemente renovadas de los sistemas
sociales, propiedades éstas que se extienden temporal y espacialmente
y, simultáneamente, delimitan el campo de acción de los
agentes.(4). Esa delimitación estructural, sin embargo -y éste
es uno de los puntos más polémicos de la teoría
de la estructuración- no es concebida por Giddens sólo
en su aspecto coercitivo, sino también como facilitadora de la
acción de los agentes sociales.(5)
En otras palabras,
las características estructuradoras de los sistemas sociales
que Giddens denomina como propiedades estructurales -relaciones de propiedad,
familia, instituciones políticas (civiles y estatales), etc.-,
tanto imponen restricciones a la acción como posibilitan que
ésta se realice. Como ilustración, hagamos una analogía
de estas propiedades con algún objeto o, mejor, con un instrumento
de trabajo, por ejemplo, con una azada. Como se sabe, por sus características
materiales (tamaño, peso, rigidez, formato, etc.), cualquier
azada impone una serie de restricciones a la acción al trabajador
que la utiliza, tales como la profundidad de los surcos para la siembra
y los tipos de terreno y vegetales que pueden cultivarse; sin embargo,
los mismos surcos para determinados vegetales y el aprovechamiento de
cierto tipo de terrenos sólo pueden ser realizados gracias a
la utilización de ese instrumento de trabajo. Otro ejemplo ilustrativo,
éste en el campo estricto de la relación hombre-hombre,
o sea en el campo en que las acciones implementadas por los sujetos
no tienen como finalidad inmediata la (re)producción de la vida
material, es el del papel desempeñado por la familia, que tanto
circunscribe el ámbito de nuestros relacionamientos sociales
-y, por tanto, de nuestras experiencias vitales- como nos provee un
ambiente seguro y coheso en momentos decisivos (y frágiles) de
nuestras vidas, los de la infancia y adolescencia, durante los cuales
se forman los rasgos básicos y predominantes de nuestro carácter,
de nuestra personalidad. Estos ejemplos, aunque realizados mediante
una comparación entre las propiedades estructurales de las relaciones
sociales con las propiedades de un instrumento de trabajo, nos permiten
visualizar cómo ciertas propiedades de los objetos y de las relaciones
sociales pueden ser tanto restrictivas (coercitivas) como facilitadoras
de la acción (en el caso del primer ejemplo, la actividad laboral).
Acá, desde
nuestro punto de vista, es necesario prestar atención a la siguiente
cuestión: en los niveles de abstracción en que el autor
despliega sus conceptos, su énfasis en el doble carácter
de las propiedades estructurales de los sistemas sociales (coercitivas
y facilitadoras) está plenamente justificado y, cuando apunta
al pensamiento sociológico, la crítica es correcta. Sin
embargo, una mayor concreción analítica permitiría
advertir que, por un lado, las formaciones histórico-sociales
poseen grados diferenciados de coercitividad y/o facilitación
de la actividad de los agentes, y, por otro, que en una misma formación
histórico-social los grados de coercitividad y facilitación
de la acción por las propiedades estructurales no son los mismos,
variando significativamente en función del desarrollo general
de las fuerzas productivas y del momento (coyuntura socioeconómica
y políticocultural, ascenso, estabilidad o decadencia de la sociedad
en cuestión, etc.) de las clases/grupos sociales analizados.
En la concepción marxiana, por ejemplo, a diferencia de lo que
Giddens afirma en su crítica, ese "doble carácter
de la estructura"(6) (aunque Marx y sus continuadores no le dieran
esa denominación) es no sólo reconocido sino analizado
de modo más concreto. Veamos esto más de cerca.
En su análisis
del desarrollo capitalista, a través del cual aprehendió
conceptualmente las características esenciales de este modo de
producción, Marx reconoció que en su fase histórica
ascendente el capitalismo cumplió una función civilizadora
fundamental, cuyo resultado fue un extraordinario desarrollo de las
capacidades productivas y socioculturales de las sociedades burguesas.
Sin embargo, consideraba que con la decadencia de esa fase heroica,
las relaciones capitalistas se convertirían en todos los planos,
incluso el científico-técnico,(7) en poderosos obstáculos
a la continuidad de ese desarrollo civilizador, obstruyendo el desarrollo
multilateral de la sociedad humana -tanto de las individualidades como
de la especie humana de conjunto.(8) En otras palabras, consideraba
que estas relaciones sociales que en un momento histórico determinado
posibilitarían/facilitarían el desarrollo humano-social,
en otro momento, en otras condiciones histórico-sociales, se
convertirían en poderosos obstáculos al mismo.
Por ejemplo, siguiendo
con esta discusión, para demostrar la corrección del pensamiento
marxista en cuanto a la relación entre necesidad y libertad,
determinación y elección, tal vez no haya mejor ejemplo
que el referido al complejo técnico-organizativo de la producción,
complejo que, a pesar de reconstruirse permanentemente para intensificar
la explotación y ampliar el control sobre la fuerza de trabajo
(coerción), contradictoriamente produce y consolida (posibilita/facilita)
las bases objetivas de la revolución social, o sea de la aniquilación
de las fuerzas sociales que conforman dicho complejo.
Podemos entonces
afirmar que no es la teoría elaborada por Marx la que subestima
el papel de los individuos en la configuración de los procesos
histórico-sociales, sino que es la teoría de Giddens la
que, debido a su carácter genérico, implica una subestimación
del carácter coercitivo de las estructuras sobre los agentes,
subestimación cuyos reflejos se hacen sentir hoy de la manera
más vehemente en sus textos propagandísticos de la muy
conservadora "tercera vía",(9) que proponen como salida
a los graves problemas socioeconómicos contemporáneos
el control de lo incontrolable, a saber, el control del capital. Estaba
en lo cierto Carlstein cuando afirmó que "un importante
inconveniente en el paradigma de Giddens es que los aspectos facilitadores
de la estructura no están suficientemente equilibrados por los
aspectos coercitivos" (citado por el mismo Giddens, 1989: 139).
Retomando el esbozo
de la teoría de la estructuración, vemos que la comprensión
del doble carácter de las propiedades estructurales es de fundamental
importancia para la comprensión del concepto de dualidad de la
estructura, en la medida que:
de acuerdo con la
teoría de la estructuración, el momento de producción
de la acción es también un momento de reproducción
en los contextos de desempeño cotidianos de la vida social, incluso
durante las más violentas convulsiones o las más radicales
formas de cambio social (...) la dualidad de la estructura [por lo tanto]
es siempre la base principal de las continuidades en la reproducción
social a través del espacio-tiempo. A su vez, presupone el monitoreo
reflexivo (y la integración) de agentes en la dureé de
la actividad social cotidiana" (ibid.: 21).
En esta argumentación,
se advierte claramente la vinculación entre propiedades estructurales
y dualidad de la estructura, pues si las acciones de los agentes no
significasen la reproducción de los sistemas sociales, se mantendría
la tan criticada escisión entre individuos y sociedad y, al mismo
tiempo, si no hubiese también aspectos facilitadores en la estructura,
si hubiese sólo aspectos coercitivos, no habría acción
creativa, sino sólo reacción del individuo a los estímulos
del ambiente y, por tanto, no habría historia humana propiamente
dicha. Pero también en este punto se advierte la superioridad
del pensamiento marxista, que no solamente comprendió ese doble
carácter de la "estructura" sino que, a través
del análisis de la praxis laboral (del trabajo) develó
sus orígenes histórico-sociales y le suministró
contornos concretos con el análisis de los fundamentos económicos
de la sociedad capitalista.(10)
En varios textos
de Marx y de manera detallada en la Ontología del Ser Social
de Lukács, ese aspecto facilitador de la estructura que se vincula
directamente con la capacidad del individuo para actuar selectivamente
en cada situación concreta, de manera no meramente adaptativa,
(11) y consecuentemente de desencadenar procesos (naturales o sociales,
deseados o "imprevistos") que de otro modo jamás ocurrirían,
es uno de los aspectos centrales del auténtico pensamiento marxista,
(12) y sólo una lectura de segunda mano, parcial y equivocada
de Marx, podría confundir sus reflexiones con la vulgarización
de las mismas, tal como fuera hecho por el estalinismo, por los positivistas
de la Segunda Internacional, por los estructuralistas-marxistas, etc.
Así, en contraposición a las acusaciones de contener rasgos
funcionalistas y de sobrevalorar la coerción estructural formuladas
contra el pensamiento marxista, citemos una desconcertante afirmación
de Lukács, según la cual:
no se debe olvidar
que los complejos problemáticos aquí emergentes (cuyo
tipo más alto es el de la libertad y la necesidad) sólo
logran adquirir verdadero sentido cuando se atribuye -y justamente en
el plano ontológico- un papel activo a la conciencia. En los
casos en que la consciencia no se torna un poder ontológico efectivo,
esa oposición [entre libertad y necesidad] jamás podría
ocurrir (Lukács, 1978: 5).
Retomando ahora
la exposición de la teoría de la estructuración,
se debe comprender que es esta dualidad de la estructura, caracterizada
por la coerción y facilitación de la acción, así
como por la imposición de reglas y disponibilidades de recursos,
y por la recursividad de las prácticas sociales, la que constituye
el eslabón fundamental de las integraciones social y sistémica,
pues es la que posibilita que las prácticas sociales en contextos
de co-presencia puedan ser reproducidos a gran escala tiempo-espacial,
o sea, en situaciones de ausencia física de los agentes coordinadores.
En este punto, Giddens
advierte sobre la siguiente cuestión: hablar de integración
sistémica no significa decir que todas las sociedades humanas
existentes (o que existieron) poseen (o poseyeron) el mismo grado de
"sistematicidad" que posee la economía capitalista
mundial contemporánea. En todas las sociedades "pre-capitalistas",
aunque en diversos grados, la integración de los sistemas sociales
siempre fue muy inestable, pues su coordinación no podría
valerse de los mismos recursos que los actuales Estados ni de la capacidad
de éstos para efectuar esa coordinación estando ausente
temporal y espacialmente del locus social en cuestión. En este
contexto, la ciudad precapitalista, que se convierte en el recipiente
de poder de esas sociedades, era el locus donde ocurrían las
interacciones en situaciones de co-presencia y, por tanto, era el espacio
en el que los rasgos básicos de integración sistémica
eran diseñados -integración sistémica que, en ese
momento, aún no se distanciaba mucho en el tiempo-espacio de
integración social. (13) En sus palabras "el sistema mundial
contemporáneo, por primera vez en la historia humana, es aquel
en que la ausencia en el espacio ya no impide la coordinación
del sistema" (Giddens, 1989:151). Incluso las mismas sociedades
occidentales contemporáneas, dotadas de elevado grado de sistematicidad,
poseen en sus fronteras otras formas sociales y/o fracturas en su cohesión
interna, como por ejemplo los esquimales en Canadá, las sociedades
indígenas en países de América del Sur, los aborígenes
en Australia, las fisuras étnicas y raciales en Europa y los
EE.UU., etc.
En síntesis:
la extensión tiempo-espacial de las sociedades humanas, a pesar
de la enorme variación que este distanciamiento puede asumir
según la formación histórico-social concreta de
la sociedad analizada, siempre encuentra sus raíces en las prácticas
cotidianamente renovadas de los agentes; agentes que, a su vez, se apropian
de y utilizan los recursos que les son puestos a disposición
de acuerdo con reglas que les son apriorísticamente dadas (costumbres,
leyes) -pero no son coercitivas hasta el punto de eliminar la capacidad
y la posibilidad de elección de los agentes- y, con esto, reproducen
concretamente aquellos elementos "estructurales" (propiedades,
principios) de los sistemas sociales, dándoles una dimensión
tiempo-espacial que supera ampliamente el espacio y el tiempo de la
vida individual. Así, en la teoría de la estructuración,
en tanto la integración social se realiza en situaciones de co-presencia
(entendidas como encuentros y desencuentros en el tiempo-espacio), la
integración sistémica pese a poseer su fundamento en esas
interacciones cara a cara se caracteriza por la interacción de
los agentes y/o colectividades fuera de esas situaciones, o sea, por
la reproducción integrada de estas prácticas sociales
cotidianas en tiempo-espacialidades discontinuas.
La "Teoría
de la estructuración" y la investigación en las ciencias
sociales
En la concepción
de Giddens, además de producir explicaciones abarcativas de la
sociedad, una de las principales tareas de la teoría social es:
proveer concepciones
de la naturaleza de la actividad social humana y del agente humano que
puedan ser puestas al servicio del trabajo empírico. La principal
preocupación de la teoría social es idéntica a
la de las ciencias sociales en general: la elucidación de los
procesos concretos de la vida social (ibid.: XIV).
Y para la elucidación
de esos procesos, afirma que los análisis institucional y de
conducta deben ser necesariamente completados "con una concentración
[analítica] en la dualidad de la estructura" (ibid.: 235)
pues para la correcta explicación de los procesos sociales, a
través del trabajo empírico el cientista social no puede
solamente aprehender las regularidades de tales procesos -regularidades
que le dan un cierto grado de previsibilidad-, sino que debe buscar
comprender las efectivas motivaciones de los agentes en el desencadenamiento
de sus acciones -lo que significa comprender "los modos como los
actores sociales se apoyan en las propiedades estructurales para la
constitución de relaciones sociales" (ibid.: 234), so pena
de incurrir en un análisis funcionalista, eliminando las individualidades
(y la agencia que les es característica) de la vida social.
Para desarrollar
sus tesis sobre el papel de la teoría social y los fundamentos
de la investigación empírica, Giddens analiza algunas
investigaciones realizadas por estudiosos de diversas áreas,
buscando develar sus aspectos positivos y negativos para ir delineando,
a través de este análisis comparativo, los fundamentos
teórico-analiticos que deben orientar las investigaciones de
los cientistas sociales de acuerdo con la teoría de la estructuración.
En este contexto, tejiendo una crítica implícita al positivismo
y haciéndose eco de la visión totalizante del ser social
(característica del pensamiento marxista), enfatiza la necesidad
de establecer un amplio diálogo e interconexión entre
las diversas ciencias sociales, dado que la retracción de cada
una de ellas a sus especialidades dificulta mucho (para no decir que
imposibilita) develar efectivamente los rasgos esenciales de las prácticas
(re)productivas individuales y colectivas de la vida humana. Y, para
concretizar su concepción de la investigación social,
que ciertamente satisface a innumerables adeptos de las prácticas
didáctico-pedagógicas que priorizan la interdisciplinariedad,
en una nota crítica al final del sexto capítulo del libro,
el sociólogo inglés analiza las relaciones existentes
entre historia y hermenéutica, historia y geografía y
geografía y sociología, demostrando la imposibilidad de
analizar el tiempo y el espacio descontextualizados entre sí
y desconectados a su vez de las relaciones y de las motivaciones de
los agentes sociales.
Conclusión
La teoría
de la estructuración es, por tanto, un emprendimiento teórico
grande, complejo y bien construido. Se constituye, según nuestro
punto de vista, en relación con sus objetivos: balance de las
teorías clásicas, crítica al pensamiento marxista
y elaboración de una teoría social que reconstituya adecuadamente
la relación entre individuo y sociedad, en una empresa similar
a la que alumbró Habermas años atrás, con su libro
La Teoría de la Acción Comunicativa. Además, la
semejanza con la obra del filósofo alemán no termina allí,
pues se extiende a un cierto "eclecticismo" teórico
de ambos pensadores, que en la construcción de sus (meta)teorías
se apropian de tradiciones filosóficas y sociológicas
tan distintas como el marxismo y la filosofía del lenguaje, la
teoría parsoniana y el interaccionismo simbólico, entre
otras.
Pero a pesar de
su grandiosidad, en el contexto de algunas interpretaciones (de otros
autores) y elaboraciones del mismo Giddens que no nos satisfacieron,
en la teoría de la estructuración hay sobre todo un aspecto
que nos llamó mucho la atención: se trata del abordaje
lineal y homogeneizante (a-histórico) del complejo rol de las
actividades humanas. A nuestro entender, en sus elaboraciones Giddens
no hace distinción alguna de los niveles ontológicos de
la praxis social ni analiza tampoco sus orígenes, omitiendo las
características específicas y, por tanto, las diferencias
existentes entre el trabajo y las otras actividades constitutivas de
la praxis humana. Omite por lo tanto el hecho sociológico decisivo
de que, en tanto la praxis laborativa funda el ser social, separándolo
de la animalidad, las otras formas de la praxis humana:
tienen, esencialmente,
ya un carácter social -sus propiedades y sus modos de operar
solamente se desdoblan en el ser social ya constituido; cualesquiera
de sus manifestaciones, aunque sean muy primitivas, presuponen el salto
[ontológico, del ser orgánico al ser social] como ya ocurrido"
(Lukács, 1981:3).
En suma, omite el
carácter fundante y fundamental del trabajo, que es la actividad
sobre la que se levanta todo el complejo societal o, mejor, sobre el
cual se levantan todas las formas de la praxis social que, estando contenidas
in limine en la misma praxis laborativa, solamente se manifiestan de
manera plena a través del desdoblamiento intensivo y extensivo,
dentro y fuera, de la misma. (14) Con esto, además de ocultar
esas características centrales del trabajo (corresponder a las
actividades mediadoras entre los hombres y la naturaleza y fundar/fundamentar
el ser social) detrás de acciones abstractas, Giddens también
lo saca del centro del análisis social (y sociológico)
disolviendo en el análisis de las acciones en general (acciones
en abstracto) el análisis de los modos de (re)producción
de la vida material . Haciendo esto, retrocede casi dos siglos en el
análisis social o, por lo menos, hasta antes de la revolucionaria
constatación de Marx y Engels, que aseveraron que:
la primera premisa
de toda existencia humana y también, por tanto, de toda historia,
es que los hombres se hallen, "para hacer historia", en condiciones
de poder vivir. Ahora bien, para vivir hace falta comer, beber, alojarse
bajo un techo, vestirse y algunas cosas más (...) Por consiguiente,
lo primero, en toda concepción histórica, es observar
este hecho fundamental en toda su significación y en todo su
alcance y colocarlo en el lugar que le corresponde. (Marx & Engels,
1987: 39-40).
Desde nuestro punto
de vista, por no atender a las cuestiones arriba planteadas en su teoría
de la estructuración, Giddens plantea un análisis sobre
la diferencia entre conflictos y contradicciones que (a diferencia de
la concepción marxista) no tiene el mismo énfasis analítico
en los aspectos estructurados y estructurantes de la esfera del trabajo,
subvalorizando así sus implicaciones en las relaciones entre
agencia y coerción en los procesos de reproducción y transformación
individual y colectiva. En definitiva, la subvaloración de esa
esfera en la configuración del ser social es seguramente la causa
de que su análisis sobre la contradicción en las relaciones
sociales (Giddens, 1989: 256-9) y específicamente de las contradicciones
en las sociedades contemporáneas, haga coro a los análisis
de Claus Offe sobre la "desmercantilización" de amplias
ramas de servicios y de la fuerza de trabajo. Abdica así de la
elucidación de las contradicciones estructurales del capital
y de sus repercusiones sobre la totalidad social, contradicciones que,
incluso en las condiciones de enrarecimiento de la lucha de clases de
posguerra, generaron (y generan) consecuencias extremadamente perversas
para el ser social (y natural).
Bibliografía
Giddens, A. (1989),
A Constituição da Sociedade, São Paulo, Martins
Fontes.
Lukács, G.
(1978), "As Bases Ontológicas da Atividade Humana",
Temas Nº 4, São Paulo, Ciências Humanas.
______, (1981),
"Il lavoro", En Per L’Ontologia dell"Essere Sociale,
Roma, Editori Riuniti, (Tradução para o português
de Ivo Tonet, Prof. da UFAL, mimeo).
Marx, K. (1989),
Manuscritos econômico-filosóficos, Lisboa, Edições
70.
______, (1982),
"Introdução", Contribuição à
Crítica da Economia Política, São Paulo, Abril
Cultural.
______ & Engels,
F. (1987), A Ideologia Alemã (Feuerbach), 6ª ed., São
Paulo, Hucitec.
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Notas:
* Este artículo
es una versión ligeramente modificada de un trabajo presentado
en 1999 en el curso de Teoría Sociológica dictado por
el Profesor Dr. Josué Pereira en el Instituto de Filosofía
y Ciencias Humanas de la Universidad Estatal de Campinas. El autor,
Ronaldo Fabiano dos Santos Gaspar es Licenciado y Maestrado en Sociología
en la mencionada Universidad. La traducción del portugués
es responsabilidad de Aldo Andrés Romero.
1 Preferimos el
adverbio tiempo-espacialmente al sustantivo tiempo-espacio porque, desde
nuestro punto de vista, el primero es más adecuado por ser más
fiel al espíritu del texto de Giddens, en el que se demuestra
que tiempo y espacio no son receptáculos preexistentes y/o independientes
de la acción humana, sino que son resultado directo de esta acción;
por eso, asumen características muy específicas acordes
con la sociedad de que se trate.
2 "La teoría
de la estructuración se basa en la premisa de que ese dualismo
(sujeto y objeto social; individuo y sociedad) debe ser reconceptualizado
como dualidad: dualidad de la estructura" (Giddens, 1989: XVII).
3 "Las rutinas
de la vida cotidiana son fundamentales incluso para las más elaboradas
formas de organización de la sociedad. En el transcurso de sus
actividades diarias los individuos se encuentran los unos con los otros
en contextos situados de interacción -interacción con
otros que están físicamente co-presentes" (ibid.:
52).
4 "Las estructuras
existen solamente en su ejemplificación en las actividades cognoscibles
de sujetos humanos situados, quienes las reproducen como propiedades
estructurales de sistemas sociales incrustados en extensiones de tiempo-espacio"
(ibid.: 247).
5 "La mayoría
de las formas de sociología estructural, de Durkheim en adelante,
fueron inspiradas por la idea de que las propiedades estructurales de
la sociedad constituyen influencias coercitivas sobre la acción.
En contraste con tal concepción, la teoría de la estructuración
se basa en la proposición de que la estructura es siempre tanto
facilitadora como coercitiva, en virtud de la relación entre
estructura y agencia (agencia y poder)" (ibid.: 138).
6 La comparación
entre la concepción de estructura en Giddens y en Marx debe ser
realizada con sumo cuidado, pues el último ni siquiera utiliza
este término en sus textos; además, el que la denominación
sea característica del pensamiento marxista no significa que
lo sea también del pensamiento marxiano. Hay que tener en cuenta,
además, que el análisis marxiano de los "elementos
estructurales" es mucho menos detallado que el de Giddens, que
estudia larga y minuciosamente estos elementos. Es sólo Lukács
y su Per l'Ontología dell'Essere Sociales el que -a nuestro entender,
en la senda del verdadero espíritu marxiano- contribuye decisivamente
a la comprensión, también detallada, de las características
"estructurales" de las relaciones sociales. Partiendo de las
valiosas indicaciones encontradas en las obras de Marx yEngels, Lukács
realizó una magnífica tarea.
7 Pues no es posible
negar que, a pesar del gran desarrollo técnico-científico
implementado en ciertas áreas del conocimiento y la práctica
productiva, la subordinación de la ciencia "pura" y
aplicada a los intereses del capital -y la unilateralidad impuesta a
ellas por tales intereses- pueden dificultar (en lugar de contribuir
al ) el avance multilateral (plural) del conocimiento humano.
8 El hecho de que
Marx apreciara incorrectamente el momento de ese agotamiento de las
posibilidades civilizatorias del capital, subestimándolas, no
significa que en sus vigas maestras su análisis no fuese correcto,
más aún cuando estamos viviendo los efectos desbastadores
del torrente concentrador de riquezas y expropiador de conquistas sociales
y laborales iniciado a fines de los años 70.
9 Más allá
de la Izquierda y la Derecha y La Tercera Vía.
10 En los Manuscritos
de Económico-Filosóficos (de 1844), uno de sus más
famosos escritos juveniles, Marx afirma que "El animal se identifica
de modo directo con su actividad vital. No se distingue de ella. Es
esta actividad. El hombre hace de su actividad vital misma el objeto
de su voluntad y de su consciencia. Posee una actividad vital consciente.
No es una determinación con la que se confunde de modo directo.
La actividad vital consciente distingue en forma directa al hombre de
la actividad vital del animal" (Marx, 1989: 164-5). Y, para una
visión global del carácter consciente, teleológico,
de la acción humana, y por lo tanto de los fundamentos histórico-sociales
de la libertad, es recomendable la lectura del capítulo titulado
"El trabajo", del libro de Lukács Per l'Ontologia dell'Essere
Sociale. En este texto, Lukács analiza exhaustivamente el papel
fundante y fundamental del trabajo en el conjunto de la praxis humana,
demostrando su carácter prototípico y su desdoblamiento
en (y su articulación con las) otras esferas del ser social.
11 Capacidad que,
como demuestra el filósofo húngaro, se vincula con los
orígenes del trabajo, con la conciencia en suma del propio hombre.
12 "El proceso
global de la sociedad es un proceso causal, que posee sus propias normatividades,
pero no es nunca objetivamente dirigido para la realización de
la finalidad. Incluso cuando algunos hombres o grupos de hombres logran
realizar sus finalidades, los resultados producen, como regla general,
algo que es completamente diferente de aquello que se había pretendido"
(Lukács, 1978: 10-11).
13 "Podríamos
decir que comenzó a desintegrarse bajo el impacto del capitalismo
moderno, el que se desarrolló en contextos sociales que ayudaron
a formar (y fueron modelados por) un nuevo tipo de recipiente de poder:
la nación-Estado (Giddens, 1989: 213).
14 "Porque
ese mundo circundante es transformado de manera consciente y activa,
el trabajo se torna no simplemente un hecho en el que se expresa la
nueva peculiaridad del ser social [el carácter teleológico
de su acción], sino que, por el contrario -precisamente en el
plano ontológico-, se convierte en el modelo de la nueva forma
del ser en su conjunto" (Lukács, 1978: 6).
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